Las definiciones de doping son múltiples y varían en función del organismo que las construya (Comité Olímpico Internacional, Agencia Mundial Antidopaje, la UNESCO…) pero el concepto es siempre el mismo: son todas aquellas sustancias o métodos destinados a incrementar el rendimiento del deportista poniendo en riesgo su salud. La WADA (World Anti-Doping Agency) publica cada año la lista de sustancias prohibidas y no es más que un conjunto de fármacos clasificados en función del efecto que producen en el organismo. Estos fármacos son producto de la evolución científica, de la biotecnología, que van destinados a un uso clínico y terapéutico, pero han caído en malas manos produciendo un daño colateral: el doping.
Los primeros casos importantes de dopaje se dieron en los JJ.OO de Roma en 1960, donde un ciclista danés falleció en competición y tras su autopsia se detectaron niveles masivos de anfetaminas y estimulantes de la circulación sanguínea. Después, se empezaron a usar esteroides anabolizantes (http://elenagarciagrimau.files.wordpress.com/2010/05/1-analisis-de-esteroides.pdf ) entre los cuales la testosterona es el más conocido. La testosterona sintética se obtiene a partir de microorganismos y se emplea en casos de artritis, osteoporosis, tratamientos con quimioterapia o en hombres con patologías con deficiencia en andrógenos. Pero su uso en deportistas permite el desarrollo de masa muscular, activar la hormona de crecimiento (mayor recuperación) y la eritropoyesis (síntesis de glóbulos rojos).
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